La barca bizantina de la Plaza Nueva

En septiembre de 1981, mientras se realizaban las excavaciones de una gran pantalla de hormigón en Plaza Nueva para albergar en ella una de las estaciones del Metro de la red viaria que se proyectaba por aquellos entonces, apareció, a 11 metros de profundidad y a escasos metros del Ayuntamiento, una embarcación bizantina junto a un ancla de hierro que sería hallada algunos metros más abajo. Desgraciadamente, la gran pantalla de hormigón partió en dos la barca, llevándose el costado derecho y quedando solamente la roda con la proa, parte de la crujía y algunas cuadernas.

Imagen de la barca en el subsuelo de la Plaza Nueva

Sin embargo, este doble hallazgo confirmaba totalmente las teorías del antiguo cauce del Guadalquivir que, al menos hasta época visigótica (S. VI), entraba por la Barqueta, siguiendo el curso del Alameda de Hércules, pasando por Trajano, Campana, Sierpes, Tetúan, Plaza Nueva y que desembocaba en la extremidad arenosa que conformaría la zona del Arenal.

Situación de la Sevilla intramuros (en rojo) antes de la ampliación almorávide y el curso de río primitivo que discurría junto a la muralla

No obstante, la existencia de este viejo cauce rectilíneo sería ya sugerido varios siglos antes por eruditos como Rodrigo Caro, y sería demostrada por Collantes de Terán durante la década de los cincuenta, al encontrar en la acera izquierda de la calle Sierpes estratos de gravas y arenas de formación fluvial junto a ánforas romanas, además de una una serie de gruesos pilotes de madera clavados de forma regular bajo el subsuelo, que conformarían un sistema de embarcadero del antiguo brazo de río que discurría bajo lo que hoy conocemos como calle Sierpes.

La Giralda de Manhattan

En esta publicación, y a colación del  recién inaugurado Muelle de Nueva York narraremos una historia poco conocida entre los sevillanos, la de la “Giralda de Manhattan”.

Giralda de Nueva York
Giralda de Nueva York

Construida en 1890 por los arquitectos Charles McKim, William Rutherford Mead y Stanford White se erigía imponente en Manhattan, en un espacio conocido como el segundo “Madison Square Garden” concebido como una zona de ocio y espectáculos en la capital neoyorquina.

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II Madison Square

La torre tenía unas dimensiones superiores a la original -unos 200 metros- y se encontraba coronada por una estatua colosal de la figura mitológica de Diana Cazadoraefigie cuya réplica coronará el Muelle de Nueva York de Sevilla dentro de poco tiempo-.

Diana Cazadora
Diana Cazadora

En 1925, el edificio se enfrentó a una serie de impagos y fue demandado por su compañía de seguros, lo que provocó su destrucción, causando un gran número de protestas entre la población neoyorquina. Como anécdota, remarcar que en su terraza tuvo lugar uno de los crímenes más sonados de la historia de EE.UU, cuando el marido de Evelyn Nesbit -una joven dama que tenía un romance con el arquitecto del edificio, Stanford White- irrumpió en la terraza donde cenaban ambos y presa de los celos mató al arquitecto de tres disparos en la cabeza, triste suceso que se conocería en Estados Unidos como “El Crimen del Siglo” por lo sonado del caso y la popularidad de sus protagonistas.

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Evelyn Nesbit, amante del arquitecto del edificio Stanford White

La Triana americana

¿Sabías que durante el apogeo de Sevilla como puerta de América la población de la ciudad se triplicó, pasando de los 40.000 de finales del s. XV a los 150.000 de finales del quinientos?

Y es que, desde 1503 en que se sitúa en Sevilla la Casa de la Contratación y la ciudad obtuvo el monopolio del comercio con las Indias, el único puerto de partida de las flotas hacia América atrajo a gentes del mar provenientes de toda la geografía española, especialmente expertos marinos del norte peninsular (cántabros y vascos) que veían en Sevilla la oportunidad para embarcarse hacia el continente americano y enriquecerse. Fue el arrabal de Triana, situado a la derecha del río, el encargado de alojar a estos marineros emigrantes ansiosos de fortuna, de manera que el barrio se fue convirtiendo en uno de los más populosos de la ciudad en donde el ser emigrante, más que una rareza era la norma común. Por ello, bien se puede afirmar una gran parte de las gentes que vivieron en Triana durante la época del quinientos -y sus descendientes- procedían de otras regiones de España, principalmente del norte peninsular.

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Barrio de Triana en la actualidad

Los altos cargos de la jerarquía de estos marinos vivían en la conocida como calle Larga -actual calle de Pureza-, en casas en propiedad, sin embargo, la masa de marineros emigrantes vivían en otras calles del arrabal como las de Flota, Sol, Confesos -actual Rodrigo de Triana-, o en la Cava – actual Pagés del Corro-, en unas viviendas colectivas llamadas “corrales”, algunos de los cuales aún se conservan hoy en día (y muchos más hubieron sobrevivido con una adecuada planificación y gestión urbanística y sin la depredadora especulación inmobiliaria que tanto daño ha hecho a la imagen de la ciudad).

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Viejo corral de la Cava de Triana
Actual calle de Pagés del Corro

De esta forma, según algunos datos de la época, el 90% de los marineros españoles que se embarcaron hacia las Indias eran originarios de Andalucía y la costa norte peninsular (cántabros y vascos), siendo un dato curioso la especialización regional que se daba, de forma que las armadas (buques de guerra) estaban comandadas fundamentalmente por norteños -conocidos como «vizcaínos» en la época- , mientras que por el contrario, los barcos mercantes eran dirigidos fundamentalmente por marineros andaluces.

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Rodrigo de Triana avistando el continente americano

Cuan marinero sería el carácter  del barrio que la primera persona que avistaría el continente americano tenía como apelativo “de Triana”, de nombre Rodrigo, pero esa es ya otra historia.

Virgen de Reyes

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En esta publicación os narraremos brevemente el origen de la efigie cuya advocación ha sido durante siglos la patrona de Sevilla, la Virgen de los Reyes. Por encima de orígenes milagrosos y obviando narraciones con tintes de leyenda, la imagen de la Virgen fue muy posiblemente un regalo que le hizo el rey San Luis de Francia a su primo hermano, el rey San Fernando -no es casual el apelativo “de los Reyes”-. Este origen francés de la talla se ha deducido de las flores de lis -símbolo tradicional de la corona francesa- que porta la Virgen en sus zapatos, además de unas letras lombardas, las cuales han podido corroborar un número muy reducido de personas a lo largo de la historia, pues desde tiempos remotos no se le han quitado los vestidos a la imagen.

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Rey San Luis de Francia

Así nos lo cuenta Pablo Espinosa de los Monteros, que en su libro “Teatro de la Santa Iglesia de Sevilla”, ya en el 1635 nos relata:

“…sin encarecimiento ninguno se puede decir de esta preciosa imagen que es la reina de todas las imágenes de España, la cual fue del glorioso San Luis, Rey de Francia, según consta de algunas historias francesas, el cual se la envió al Santo Rey Don Fernando, que era su primo hermano, cuando supo que venía a poner cerco a Sevilla (…) En los zapatos tiene flores de lises y cada una letras lombardas que dicen amor”.

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Teatro de la Santa Iglesia de Sevilla, de Pablo Espinosa de los Monteros

Observando la talla y sobre todo el rostro -de un modelado muy sobrio, casi nulo-, bien se puede deducir que nos encontramos con una escultura de final del románico, que guarda parecido muy notable con la imagen de Santa Ana que se venera en la Real Iglesia de Santa Ana, en Triana, y que también está fechada en la misma época, el S. XIII -misma fecha de la conquista de Sevilla (1248)-.

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Virgen con el Niño y su madre Santa Ana a la derecha

Milagrosa o no, y por encima del aspecto puramente religioso, nos quedamos con un rostro que brinda bondad a quien la mira, y con la fina hermosura de su talla que ha cautivado durante más de siete siglos a decenas de generaciones de sevillanos.


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El Rey Santo

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Fernando III (Tumbo A, Santiago de Compostela, Catedral).

Hoy, día 30 de mayo, nos detendremos, como no podría ser de otra forma, en la figura del patrón y conquistador de la ciudad, Fernando III “El Santo”.

Nacido en el año 1199 en algún punto de Castilla y León, probablemente de Zamora o Valladolid, es hijo de la reina Berenguela I (Reina de Castilla) y de Alfonso VIII (Rey de León). Con su reinado, se consolida la unión dinástica de los dos reinos históricos de Castilla y León, uniéndose ambos en un mismo reino (Corona de Castilla) que seguiría avanzando en la Reconquista hacia el sur peninsular, especialmente la zona del Valle del Guadalquivir.

De esta forma, Fernando III, aprovechando las disonancias internas del reino almohade en Al-Andalus (que incluso provocarían la disgregación de las llamadas “Terceras Taifas”) se lanzó con arrojo a la conquista del sur peninsular, enlazando una gran cantidad de victorias consecutivas en todas sus acometidas: Baeza (1227), Córdoba (1236), Jaén (1246) y por fin su conquista más preciada, la ciudad de Isbilyah (Sevilla), joya y capital del imperio almohade, que conquista en 1248 acompañado de figuras como Ramón de BonifazGarci Pérez de Vargas, o de Pelay Pérez y Correa, entre otros.

Toma de Sevilla por Fernando III en 1248: Saqqaf (Axataf) le hace entrega de las llaves (Francisco Pacheco, s. XVII).
Toma de Sevilla por Fernando III en 1248: Saqqaf (Axataf) le hace entrega de las llaves (Francisco Pacheco, s. XVII).

Tras haber finalizado la reconquista del sur de España (a excepción del Reino de Granada) muere un 30 de mayo del año 1252, cuando organizaba una intervención en el norte de África para impedir nuevos brotes de amenaza islámica contra sus territorios.

Como rey, fue sin duda uno de los más relevantes reyes de España, no solo durante la Edad Media, sino durante toda la historia de España y de sus tradicionales reinos. Unificó los reinos de Castilla y León, introdujo el castellano como lengua oficial como relevo del latín, codificó la legislación de nuestro derecho, ordenó la construcción de las imponentes catedrales de Burgos y de León y, sin duda, proporcionó a la Reconquista un empuje tan potente que se durante los 30 años que duró su reinado se conquistó una extensión de territorio similar a la que habían conquistado los anteriores reyes cristianos durante los cuatro siglos anteriores. Amante de la diplomacia antes que la guerra, fue un rey profundamente conciliador, justo, además de tolerante con judíos y conversos y siempre leal con amigos y enemigos.

No cabe ninguna duda, pues todas las fuentes lo confirman y coinciden, en que fue un rey piadoso, benigno y compasivo. De profundas raíces cristianas, jamás fue altivo ni arrogante, sino que hizo de la humildad y de la obediencia su razón de ser. Tanto es así que ni en su coronación como Rey de Castilla organizó celebraciones, ni para su sepulcro quiso estatuas ni adornos.

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Cuerpo incorrupto del Rey en su urna de cristal.

De esta forma, en el año 1671 fue canonizado por el Papa Clemente X. Los años anteriores a esta canonización, se tuvo que proceder a una larguísima búsqueda por toda la ciudad de imágenes del rey que acreditaran su fama de santidad. Como curiosidad, de esta labor se encargó ni más ni menos que el mismísimo Bartolomé Esteban Murillo, que en 3 años de búsqueda por toda la ciudad reunió tal cantidad de imágenes que se atestiguó la fama de santidad del rey a los ojos del Papa.

La Babilonia del sur

¿Sabíais que la calle Alemanes se llama de tal forma porque en ella se asentaron los mercaderes y comerciantes de origen alemán? ¿O que Placentines toma su nombre de la colonia de mercaderes venidos de Piacenza (Italia)? Sin olvidar la calle Francos en la que vivían los franceses. Y como no, la calle de Génova (callecita estrecha que discurría por la actual Avenida de la Constitución, desde el edificio actual del Banco de España hasta la esquina con la calle Alemanes), donde habitaban los comerciantes de la ciudad de la Liguria.

Y es que Sevilla fue, mucho antes que Londres, París o Nueva York una poderosa urbe multicultural donde convivían y se mezclaban personas de todas las nacionalidades y razas que venían en busca de prosperidad económica. De forma que durante 1588, fecha en que se puede datar el culmen del apogeo de Sevilla como Puerto de Indias y puerta del comercio colonial con las Américas, la ciudad de Sevilla cuenta con unas 150.000 personas, entre sevillanos, castellanos, inmigrantes europeos, nativos americanos, moriscos, judíos y esclavos africanos, convirtiéndose en la tercera ciudad europea con mayor número de población, sólo por debajo de París (200.000) y Nápoles (212.000 en 1547) y muy por encima de ciudades como Londres, Madrid, Barcelona o Roma.

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Y es que Sevilla era eso, un verdadero crisol de culturas, una Babilonia sureña que tomó influjo de todos aquellos banqueros, comerciantes, artistas, marineros, pícaros, ladrones, aventureros, rufianes y gentes de todo tipo y calaña que pasaron por aquí dejando su impronta. Porque, no hay que olvidar, que el genuino “carácter sevillano” (parafraseando al profesor Domínguez Ortiz) nace durante el S. XVI, y mucho de lo que hoy es el sevillano: su pródiga espontaneidad, su narcisismo, su lisonjería e incluso su forma de hablar con el vecino, se debe a aquella época en la que Sevilla la capital de la opulencia y el espejo donde se miraba el mundo civilizado.

Y es que incluso los grabadistas extranjeros como Rombout van den Hoeyen o Janssonius harían famoso el tópico con el que sellaban sus grabados de la ciudad en un incorrecto italiano:

´QUI NON HAVISTA NON HAVISTA MARRAVILLA´

El martirio de dos trianeras

Este post prosigue a La valentía de dos trianeras

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“Santa Rufina” de Velázquez.
Fundación Focus-Abengoa.
Hospital de los Venerables.

En aquellos tiempos era prefecto de la provincia Bética Diogeniano,  ante el cual fueron llevadas las dos hermanas entre golpes e insultos por la muchedumbre enfurecida. Al llegar a la Sala de Justicia Diogeniano les instó a abandonar sus creencias y obligó a las hermanas a participar descalzas en una nueva procesión en honor a Salambó, a lo que ellas se negaron rotundamente. Tras esta negativa, comenzó el proceso de martirio de Justa y de Rufina, a las que torturaron en el potro, las azotaron y las llegaron a colgar de los cabellos. Tras esto, esperaba el pretor Diogeniano que las hermanas renunciaran a su fe, pero viendo que nada surtía efecto mandó encerrarlas en la cárcel sin agua ni pan.Tras sobrevivir a la cárcel, se le mandó arrancarles las uñas de los pies y manos, y así fueron llevadas a Sierra Morena para ser arrastradas por un carro, tras lo cual fueron enviadas desfallecidas y sangrantes de vuelta a la cárcel de Hispalis.

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Tras este terrible martirio y de vuelta en la cárcel, cuenta el relato que la primera en fallecer fue Justa, ya que no pudo aguantar las fiebres y las heridas más de una noche, también se narra que cuando el guardián comunicó al gobernador Diogeniano su muerte, éste ordenó que su cadáver fuera tirado a un pozo que se encontraba junto a la cárcel. Cuerpo que según la creencia popular, sería rescatado tiempo después por el obispo Sabino y enterrado en una necrópolis que existía contigua a la cárcel, concretamente  en la necrópolis tardorromana recientemente investigada que existe junto a la Carretera de Carmona.

En esta parte del relato tras la muerte de Justa, su passio nos narra que Rufina fue finalmente decapitada y su cuerpo echado a los leones, aunque la leyenda y la fantasía popular ha venido contando a lo largo de los siglos que Diogeniano la colocó de vivo cuerpo sobre la arena del anfiteatro de Hispalis, arena sevillana en la que el león se arrodilló junto a su pies para comenzar a lamérselos mansamente, escena que sin duda entra dentro del imaginario colectivo y que ha servido para algunas escenografías tradicionales en obras pictóricas, como en el siguiente cuadro de Francisco de Goya en el que podemos observar al león junto a los pies de Rufina.

 
Saliendo del terreno legendario y acercándonos a la realidad histórica, el lugar donde se situaba el Palacio de la Justicia se encontraría a extramuros de la Hispalis imperial, concretamente en la zona que hoy ocupa la iglesia de la Trinidad, en la confluencia de Ronda de Capuchinos con la Carretera de Carmona y la Avda. María Auxiliadora. Y es que entrando en el edificio de la Trinidad, si dejamos de lado a la iglesia y avanzamos entre los naranjos, encontraremos en uno de sus patios un letrero sobre una pequeña puerta que reza: “Sagradas Cárceles”, puerta que se encuentra cerrada a cal y canto, pero que si somos capaces de convencer a algún hermano salesiano que afanoso nos acompañe, podremos descender las escaleras hacia las entrañas más recónditas de la vieja Hispalis donde encontraremos una pequeña galería abovedada que según la tradición sirvió de cárcel y de tormento en vida a las jóvenes hermanas trianeras, y en la que también se encuentra un pequeño pozo, testigo mudo de tanta barbarie.
Sagradas Cárceles

La Catedral de Triana

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Real Iglesia de Santa Ana, situada en pleno corazón del barrio de Triana, se trata del templo cristiano más antiguo de toda la ciudad de Sevilla. Levantada en torno a 1276-1280, su construcción fue ordenada por el entonces Rey de Castilla, Alfonso X El Sabio, hijo de Fernando III (San Fernando) y Beatriz de Suabia. La historia del porqué se levanta este templo es muy curiosa, siendo más verdad que leyenda, si se paran frente al pórtico oeste de la iglesia, verán una inscripción en piedra tallada que nos narra el episodio completo.

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La historia cuenta que Alfonso X El Sabio se encontraba medio ciego y padecía unos terribles dolores en sus ojos, apunto que se encomendó a la madre de la Virgen María, Santa Ana, para la curación de su mal y para que le retornase la ansiada vista. Cuando el mal desapareció, Alfonso X cumplió su promesa y levantó este templo en honor a la madre de la Virgen, Santa Ana. Aunque a simple vista si la observamos a pie de calle no nos parezca tan antigua, esto se debe a las muchas reformas exteriores que ha vivido a lo largo de la historia, especialmente la que que sufrió a causa del famoso Terremoto de Lisboa (1755) que dañó gravemente su estructura externa. Sin embargo adentrándonos en su interior es como podremos saborear el verdadero encanto de este singular templo. Construida en estilo gótico-cisterciense, se dispone en una planta de tres naves, siendo la central de mayor altura que las laterales y conservando cierto aire mudéjar por el tipo de construcción en ladrillo visto.

Llamada la Catedral de Triana, cuentan los que la conocen bien que debajo de su cripta existe un túnel que conecta con el mismísimo Alcázar de Sevilla. Muchos más misterios esconde este viejo templo entre sus muros, como los tesoros que guarda en su cripta entre los que se encuentra el cráneo de Santa Úrsula, o la enigmática tumba de Íñigo López, obra sepulcral en cerámica del prestigioso ceramista italiano Niculoso Pisano (introductor en España de la técnica del azulejo de superficie plana que posteriormente sería la insignia de la cerámica trianera), en la que no se sabe si está enterrado el propio Íñigo o uno de sus esclavos apodado “El Negro” asesinado por el mismo Iñigo. Tumba que guarda una curiosa superstición, y es la de que toda mujer que golpee el rostro con su pie 7 veces encontraría esposo, motivo por el cual se tuvo que proteger la lápida con una verja por el deterioro que causaban en el rostro del pobre Íñigo (o de su esclavo…) los continuos taconazos de las trianeras solteras…

Lauda sepulcral de Íñigo López, obra de Niculoso Francisco Pisano, realizada en 1.503
Lauda sepulcral de Íñigo López,
obra de Niculoso Francisco Pisano,
realizada en 1.503

La valentía de dos trianeras

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Santas Justa y Rufina, por Murillo (1666)

Contemplando a ambas santas en el famoso cuadro de Murillo podemos advertir dulces y exquisitos rostros propios del arte murillesco, pero debajo de esos semblantes dóciles y melosos se esconden la bravura y valentía de dos impávidas trianeras que desafiaron el orden vigente de su tiempo firmes en sus creencias cristianas, aunque por ello tuvieran que entregar su propia vida.

Era el mes de julio del año 287 de nuestra era, y en Hispalis se celebraban las festividades de las Adonias, que recordaban la muerte del amado de Afrodita. Estas fiestas que duraban dos días eran celebradas exclusivamente por mujeres, que llevaban por las calles estatuas de Adonis dispuestas como cadáveres, realizando las típicas posturas de los funerales, llorando y lamentándose por las calles por la muerte del amado de la diosa Afrodita. Adonis era el dios que representa la vegetación que nace y muere todos los años, por ello las mujeres plantaban jardines de Adonis en macetas que dejaban en los tejados de las casas. Estas plantas crecían y morían rápidamente, generalmente en una semana, de forma que al final del octavo día los jardines se arrojaban al mar o al río,  junto con una imagen del fallecido Adonis.

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Imágenes en vasijas griegas que muestran
a las mujeres llevando estos pequeños jardines
escaleras arriba hasta los tejados.

Como otro día cualquiera, estas jóvenes hermanas alfareras afincadas en Triana habían cruzado la orilla del río y llegado a Hispalis para montar su humilde puestecillo de figurillas de barro, macetas, platos y demás objetos de alfarería aprovechando el frescor de la mañana estival.

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En esta tarea se hallaban las dos hermanas cuando por la plaza del Foro de Hispalis (advertimos quizás por la zona de la Plaza del Pan o Alfalfa) irrumpe una muchedumbre de mujeres que van cantando y bailando mientras portan un ídolo de barro que representa a Salambó, “la Afrodita que llora a Adonis”. Estas mujeres van pidiendo limosna para sufragar el culto a Adonis, por lo que se detienen ante el puestecillo de las jóvenes trianeras para pedirles una maceta con la que plantar un jardín de Adonis. En éstas, las muchachas contestan valientemente, como San Pablo, que ellas no adoran a un dios que se hace con las manos, lo que repercute en una discusión airada con la caterva de idólatras que acaban destrozándole el puestecillo de barro a las jóvenes alfareras. Indignadas, las trianeras, viendo su puesto de figuras destrozado, cogen el ídolo de piedra de Salambó y lo mandan aún más lejos, convirtiéndolo en añicos. Esto crea un alboroto que provoca que tenga que intervenir la fuerza pública en el altercado, llevando a las hermanas ante un juez.

En cuanto a las fuentes históricas tenemos la suerte de conservar el relato de su passio, dos siglos posterior a su muerte (S. VI), en el que el autor, además de darnos descripciones detalladas de los ritos y cultos grecorromanos de la época omite en todo momento cualquier mínimo atisbo de elemento milagroso, lo que al menos nos da garantías de que no existió una distancia muy alejada entre leyenda y realidad. Así, el relato nos narra el suceso antes descrito en su manuscrito X:  “sucedió que, habiendo llegado un día al foso de esta ciudad (Hispalis) para vender vasos de terracota, unas matronas del lugar estaban exhibiendo allí un ídolo de piedra llamado Salambó y, siguiendo su costumbre según el rito pagano, mientras bailaban pedían donativos en honor y beneficio de su dios. Y así, habiéndose acercado a las santas mujeres, les pedían que les ofrecieran algún vaso en honor de su dios Salambó. Como ellas, siendo cristianas, se negaran y les hicieran ver que era inútil adorar a un dios de piedra, indignadas las matronas, arrojando el ídolo sobre sus vasos de terracota, lo destrozaron todo. Pero las religiosas mujeres, sin inmutarse por el perjuicio de la pobreza, antes instigadas interiormente por el espíritu divino, lanzando de nuevo el ídolo aún más lejos, lo hicieron añicos. A consecuencia de esto el gobernador Diogeniano mandó encerrarlas en la cárcel, como si hubieran cometido un sacrilegio”.

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Por costumbre de no alargar demasiado los posts divulgativos, el relato de su suplicio proseguirá en el próximo post: El martirio de dos trianeras.

Santander, la Torre del Oro y el 3 de Mayo

La gran hazaña que narraremos hoy se remonta a los tiempos de la conquista cristiana de Sevilla por parte de Fernando III, apodado el Santo, concretamente al 3 de mayo de 1248, día de la festividad de la Santa Cruz. Tenían las tropas castellanas cercada la ciudad por todos sus lados, las tropas de San Fernando estaban establecidas en la dehesa de Tablada, y eran ya varios los meses que duraba el asedio a la ciudad pero nada parecía agotar las fuerzas ni la fe del rey en tan ardua e importante empresa.

Tenía en aquella época el puente de barcas 13 cascos y una gruesa cadena de hierro atada al Castillo de San Jorge (actual Mercado de Triana) que fortalecía su defensa, lo que provocaba que la ciudad almohade no se quedase aislada de la otra orilla y permitía la llegada de víveres desde la vecina San Juan de Aznalfarache.

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Para evitar esto y aislar completamente a la ciudad, San Fernando reclutó a una serie de marinos cántabros, especialmente en las Cuatro Villas de la Costa  (Laredo, Castro Urdiales, Santander y San Vicente de la Barquera). comandados por el almirante Ramón de Bonifaz, que tendrían la dificultosa tarea de destrozar el puente de barcas con las naves a las que se le colocaron hierros aserrados en su proa para embestir al puente, dejando así totalmente incomunicada la ciudad. Cabe decir que la cercana Torre del Oro dificultaba tal empresa, pues servía de lanzadera de proyectiles y dardos contra las naves castellanas.

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Llegó el día 3 de mayo y era el día señalado para que las naves cántabras se lanzasen contra el puente. A un lado la Rosa de Castro, al otro la Cerceña, delante una ciudad que se defiende como puede lanzando proyectiles ardiendo desde la Torre del Oro y la orilla del Arenal y que debilitan el ataque de la Rosa de Castro contra el puente, no consiguiendo quebrarlo. Sin embargo no ocurre lo mismo con la Cerceña, que comandada por el poeta guerrero Paio Gomez Charino consigue con su embestida partir en dos el puente y dejar definitivamente aislada a la Sevilla almohade.

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De esta forma se le da la puntilla definitiva a la ciudad de Sevilla, que queda completamente aislada de Al-Andalus sin ningún tipo de acceso a víveres ni tropas, y que se rendirá en pocos meses.

Como simpatica anécdota, nos alegra el poder contaros que estas cadenas hoy en día no se han perdido, ya que se encuentran  en la cántabra localidad de Laredo, custodiadas y protegidas en uno de los templos más importantes de la localidad: la Iglesia Parroquial de Santa María de la Asunción.

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También cabe decir que tanto el escudo de Laredo como el de la comunidad de Cantabria también recuerdan tan magno acontecimiento. Además la Calle Santander en Sevilla, justo enfrente de la Torre del Oro, también homenajea con su nombre a los héroes de este vital suceso para la historia de Sevilla, ocurrido el 3 de Mayo de 1248, día de la festividad de la Santa Cruz.

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Escudo de Cantabria